Asbesto en el Subte

¿CÓMO NOS ENFERMA?

¿Qué produce en nuestro organismo?

Tengamos en cuenta que un alto porcentaje de lxs compañerxs que hoy trabajamos en el subte tenemos un promedio de 20 años de antigüedad. Las fibras de asbesto en nuestro organismo representan un peligro potencial a largo plazo. 

Hasta 2018 desconocíamos la presencia de este material en el ámbito subterráneo, por lo tanto, trabajábamos con él sin ningún tipo de cuidado, elementos de seguridad, ni medida preventiva.

Las puertas de entrada de las fibras de asbesto o amianto son el sistema respiratorio y el digestivo, produciendo distintas enfermedades. Por eso es clave un medio ambiente sano y libre de la fuente de contaminación.

 

PULMONES AFECTADOS POR EL ASBESTO

Asbestosis (fibrosis pulmonar)

La asbestosis es la patología pulmonar crónica, progresiva y de evolución lenta producida por la inhalación de asbesto o amianto. 

Las fibras de amianto son duras y penetran en los pulmones generando inflamación y cicatrices causando fibrosis pulmonar (Endurecimiento). 

La fibrosis pulmonar puede aparecer a los 10 o más años de exposición. Sus síntomas clínicos más frecuentes son la disnea (dificultad para respiratoria) y tos seca

Periodo de Latencia

Es el tiempo que transcurre entre la exposición al asbesto hasta la aparición de los síntomas.

Cáncer de pulmón

Esta enfermedad maligna generalmente aparece con años de exposición. En las personas fumadoras la posibilidad de contraer cáncer de Pulmón es exponencial dada su sinergia. Los síntomas son pérdida de peso, tos y dolor torácico, entre otros.

Otras patologías

Cáncer de faringe, de colon y de recto, de laringe, de ovarios y mesotelioma de peritoneo, de lengua, riñón y mama. Derrame pleural benigno por asbesto, fibrosis pleural difusa y atelectasia redonda. 

Mesotelioma maligno

Es un tumor maligno grave, que afecta la pleura o el peritoneo. Es de alta mortalidad. En la mayoría de los casos es causado por la exposición al amianto. No tiene ninguna relación con el tabaquismo. Aparece 30 o 40 años después de la exposición al mineral. Sus síntomas clínicos son el dolor en el tórax o en los hombros y perdida de peso.